Europa, luna de Júpiter

“Todos estos mundos son vuestros, excepto Europa. No intentéis aterrizar allí”

¿Te suena la frase?. Es de sobra conocida por todos los seguidores de la famosa saga “Odisea” de Arthur C. Clarke, uno de los grandes clásicos de la ciencia-ficción.

Fue precisamente “2001: Una odisea espacial”, la novela que despertó mi interés por este género. Por tanto, no debería sorprender que, tras mis primeras horas con Elite Horizons, tuviese bien claro que debía planificar cuanto antes un viaje a esa luna de Júpiter, con un único fin: “aterrizar allí”.

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Mi primera novela de ciencia-ficción, que aún conservo como oro en paño.

Europa era considerada, hasta hace relativamente poco,  un satélite más del gran gigante gaseoso de nuestro sistema. No se conocían demasiados datos sobre ella hasta que la sonda Voyager, en su viaje interestelar, se aproximó a Júpiter y pudo obtener fabulosas fotografías del gigante y sus lunas.

Años más tarde, en 1989, la sonda Galileo exploró más a fondo el planeta Júpiter, y también Europa, consiguiendo recopilar detallada información sobre ambos, que fue posteriormente analizada en la Tierra de forma minuciosa por la comunidad científica.

Gracias a estos datos obtenidos por las sondas Voyager y Galileo, junto con las observaciones del telescopio espacial Hubble, esta luna se ha convertido en uno de los lugares -junto a Marte- más interesantes de nuestro Sistema Solar.

La razón es, como siempre, la posible presencia de vida. A pesar de estar situada a gran distancia del Sol, y fuera de la franja “habitable” del sistema, los científicos creen que bajo su corteza helada se esconde un enorme océano, nada más y nada menos que de agua salada. Esta capa externa de agua, que envuelve un pequeño núcleo metálico de hierro, tiene un espesor aproximado de unos 100 Km. Se calcula que dicho océano puede contener el doble o triple cantidad de agua que la existente actualmente en todos los océanos de la Tierra. ¡Eso es mucha agua!

Sabemos que donde hay agua… suele haber vida. Así que en Europa, con esa enorme cantidad de agua en estado líquido, las posibilidades de encontrar un paramecio alienígena son bastante altas.

Estructura interna de Europa

Y eso no es todo, hay otro aspecto muy interesante: Como sabemos, otro planeta donde cabe la posibilidad de encontrar vida es Marte (la NASA está en ello). Si al final se encuentra vida en Marte, se cree que lo más probable es que esté emparentada genéticamente con la vida en la Tierra, dado que al estar tan próximos ambos planetas uno de otro, es muy posible que algo de material genético hubiese sido transportado por meteoritos, miles de millones de años atrás. Es decir, se trataría de vida que comparte un origen común.

En el caso de Europa, y dada la enorme distancia que nos separa de ella, esto es prácticamente imposible. Lo cual quiere decir que, si existe vida allí, será con toda seguridad vida totalmente distinta a la de la Tierra (y a la de Marte en el hipotético caso de que éste también la tuviese). Así que no se trata sólo de encontrar vida, sino de encontrar vida diferente.

Tal es la importancia que se le da a este asunto, que al final de la misión Galileo, la NASA decidió estrellar la sonda -la cual no estaba esterilizada- contra el planeta Júpiter, con el fin de evitar que en el futuro pudiese colisionar con Europa y contaminar dicha luna. Si se hubiera producido esta contaminación, y más adelante se detectase vida en Europa, no podríamos determinar con seguridad su origen. Los responsables de la misión decidieron, pues, estrellarla directamente contra Júpiter, donde podemos pensar casi con absoluta certeza que no existe vida de ningún tipo.

Las fotografías enviadas por las sondas, así como las obtenidas con el Hubble, muestran una característica curiosa de la superficie de Europa, muy diferente a la del resto de lunas y planetas del sistema: enormes franjas oscuras, a modo de grietas, que cubren prácticamente toda su superficie. Esto no son más que fracturas en su superficie helada, debido a las mareas producidas por la cercanía de Júpiter.

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Los extraños canales de Europa, fotografiados por la sonda Galileo

En efecto, Júpiter induce mareas sobre el océano de Europa, de la misma forma que nuestra Luna lo hace sobre los océanos de la Tierra. Se estima que la superficie de Europa se desplaza unos 30 metros arriba y abajo durante estas mareas. Y dado que dicha superficie está mayormente helada, en ocasiones se fractura dando lugar a las grietas.

Por otro lado, se cree que el océano de Europa y su superficie rotan de forma independiente al núcleo rocoso de la luna, debido a la fuerza de la gravedad de Júpiter. Este puede ser otro factor a tener en cuenta a la hora de buscar el origen de las famosas grietas.

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Hemisferio Sur de Europa, fotografiado por la sonda Galileo

Europa cuenta también con una atmósfera, aunque muy tenue. Está compuesta íntegramente por oxígeno, no de origen biológico, sino probablemente procedente de su océano de agua: en determinados puntos, el Sol calienta el agua formando vapor, el cual se descompone luego en hidrógeno y oxígeno. El primero, se escapa al espacio debido a la baja gravedad de la luna, pero el oxígeno se queda atrapado, formando esa sutil capa atmosférica.

Como curiosidad, sólo existen 8 lunas con algún tipo de atmósfera en todo el Sistema Solar, y Europa es una de ellas.

Europa en Elite Horizons

Al igual que la mayor parte los planetas y lunas del Sistema Solar, Europa está fielmente representada en Elite. Y no sólo a nivel gráfico -las texturas están basadas en fotografías reales-, sino en todos los demás aspectos: escala, movimiento, velocidad de rotación, órbita en torno a Júpiter, distancias y un montón de variables más.

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Europa, arriba en primer plano, y Júpiter abajo y al fondo. El tamaño relativo de ambos en esta captura puede llevar a confusión, dada la ausencia de referencias visuales en el Espacio

Como ya sabemos, uno de los puntos fuertes de Elite Dangerous -y la gran diferencia con respecto al futuro Star Citizen- es que el primero simula todos estos parámetros con extrema fidelidad, siendo muchísimo más realista bajo un punto de vista astronómico. Esto se hace más patente en el caso de planetas y/o lunas conocidas, de las cuales tenemos amplia información, como es el caso de Europa.

Efectivamente, ya desde la lejanía podemos apreciar el fabuloso trabajo de Frontier en este ámbito: tanto Júpiter como Europa presentan un aspecto exactamente igual al que conocemos por la multitud de fotografías que las sondas espaciales nos han enviado años atrás.

Lo mejor de todo es que esta fidelidad a nivel gráfico no se reduce simplemente a texturas planas, sino que se extiende también al relieve. Conforme nos aproximamos a Europa, nos damos cuenta de que los accidentes geográficos de su superficie no son sólo trazos o pinceladas sobre un lienzo, sino que tienen volumen y profundidad. Como ocurriría en la realidad, cuanto menor es la distancia a la luna, mejor percibimos el relieve de la superficie, ayudados por las sombras que produce el lejano Sol.

Incluso a esta distancia, ya podemos adivinar que todo ese conglomerado de cañones, grietas y hendiduras pueden tener varios kilómetros de anchura, y posiblemente cientos de metros de profundidad.

Mi primer impulso, como buen explorador espacial, es descender a la superficie del planeta con el fin de examinar de cerca esas misteriosas características de su corteza, algo que probablemente no estará al alcance de ningún ser humano hasta dentro de varios siglos.

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Europa en Elite

Conforme me voy aproximando a la superficie, salgo del modo de vuelo orbital e inicio la transición a vuelo planetario, mientras la nave disminuye progresivamente su velocidad con el fin de permitir un vuelo seguro a baja altitud.

Esta fase de la aproximación es bastante crítica en planetas con alta gravedad, ya que la velocidad vertical puede alcanzar valores muy peligrosos, obligando a ser muy cuidadoso durante la maniobra. Afortunadamente, en el caso de lunas con gravedad baja, no existe este problema. Podemos incluso divertirnos con maniobras bruscas y descensos pronunciados que acaban en vuelo rasante, sin consecuencias graves para nuestra integridad.

La orografía del terreno se va haciendo progresivamente más detallada. Es entonces cuando por fin se confirman mis sospechas: lo que parecían curiosas venas y arterias superficiales, empiezan a tomar volumen y profundidad, hasta el punto de convertirse en enormes cañones, profundos valles y gigantescos surcos esculpidos sobre su corteza helada.

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Una de las grietas vista desde 2 Km de altura

En realidad, la superficie de Europa es bastante lisa y regular, pero en las zonas plagadas de grietas el relieve se hace patente. Las hendiduras tienen varios kilómetros de ancho, miles de kilómetros de largo y algunos cientos de metros de profundidad, aunque estos datos varían dependiendo de la zona. Sabemos que existe un gigantesco océano de agua líquida bajo esa corteza de hielo, pero no percibimos ninguna indicación visual de su existencia, al menos por el momento.

Por otro lado, puedo comprobar que la coloración de la superficie es distinta en el interior de dichas grietas, probablemente debido a erupciones volcánicas o géiseres de agua que expulsan también toneladas de material procedente del interior rocoso del satélite. Este material vuelve a caer más tarde, depositándose sobre la zona y produciendo esa diferente tonalidad.

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La diferente coloración a lo largo de las grietas tiene probablemente un origen geológico

Con el fin de poder explorar tranquilamente el interior de las grietas con el SRV, busco una zona adecuada para el aterrizaje sobre una pequeña elevación del terreno, lo cual me permitirá luego tomar unas buenas instantáneas con la cámara del rover. Elite Horizons permite aterrizar en cualquier punto de los planetas y lunas, únicamente hay que seleccionar una zona donde la nave pueda quedarse anclada y asegurada sobre el terreno. Normalmente no hace falta buscar demasiado para encontrar un área con las condiciones adecuadas.

Tras unos minutos de exploración visual localizo un terreno adecuado, justo al borde de la grieta. Maniobro con cuidado mi Asp Explorer mientras se posa suavemente sobre la corteza helada. El calor producido por los propulsores inferiores levanta grandes nubes de vapor de agua, que de alguna manera perturban la silenciosa tranquilidad del entorno.

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Un buen lugar para estacionar mi Asp, justo al borde de una de las enormes grietas de la corteza de Europa

El computador me informa de que la nave está correctamente asegurada sobre la superficie, tras lo cual le cedo el control y me dirijo rápidamente al hangar del SRV en la parte inferior. Compruebo carlinga estanca, nivel de combustible adecuado, y todos los sistemas OK. Es importante asegurarse del correcto estado del rover antes de salir ahí fuera, ya que cualquier problema o imprevisto durante la exploración puede tener consecuencias fatales.

Al tratarse de una luna con baja gravedad, el manejo del rover es bastante divertido, más aún con los deslizamientos y derrapes típicos al rodar sobre una superficie helada. En estas condiciones, hay que ser muy fino con los gases del SRV para no perder el control y acabar varios cientos de metros más abajo, en el fondo del cañón.

Tras examinar algo más a fondo la zona con el scanner del rover, no parece que exista ningún tipo de mineral exótico, cosa lógica ya que estoy rodando sobre una superficie compuesta básicamente de hielo. Tampoco descubro ningún géiser ni nada por el estilo, probablemente debido al espesor de la capa en esta zona de la luna. Aprovecho, eso sí, para tomar una instantánea de recuerdo: una bonita estampa con mi nave estacionada al fondo, y el inmenso Júpiter sobre el horizonte.

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Una bonita imagen de la superficie de Europa, con Júpiter sobre el horizonte

Lamentablemente, tampoco descubro ningún signo de vida en los alrededores, cosa que era de esperar teniendo en cuenta que -de existir vida- será de tipo unicelular y estará confinada en las profundidades del inmenso océano existente bajo la superficie por la que me estoy moviendo.

Satisfecha mi curiosidad, es hora de volver a la nave y poner rumbo al siguiente destino. Mientras asciendo un par de kilómetros para preparar la maniobra de escape, me doy cuenta de la relevancia de la escala 1:1 en Elite: Una luna tan pequeña como Europa se ve inmensa cuando estás tan próximo a su superficie. Esto contribuye en gran manera a consolidar la inmersión y a meterte de lleno en el rol de piloto-explorador. Esto no parece un simple juego, sino más bien un verdadero simulador de viajes espaciales.

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Tras el despegue, preparando la maniobra de escape

Esta visita a Europa llevaba rondando por mi mente desde que, siendo un adolescente, leí 2001: Una Odisea Espacial, y poco después su secuela 2010: Odisea Dos, en la cual aparece la famosa cita con la que inicié el artículo.

Hasta ahora, no me quedaba otro remedio que viajar hasta aquí con mi imaginación. Con Elite Horizons ya no hace falta imaginar, tan sólo subirte a tu nave preferida, activar el Frame Shift Drive hacia cualquier destino en nuestra galaxia y disfrutar explorando lo desconocido.

“Bien sé que soy mortal, una criatura de un día. Pero mi mente sigue los serpenteantes caminos de las estrellas. Entonces mis pies ya no pisan la tierra, sino que al lado de Zeus mismo me lleno con ambrosía, el divino manjar.”

–Ptolomeo

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