Viaje al Sistema Solar – III

Es hora de seleccionar el siguiente planeta en el computador de navegación de la nave: Urano. Observo que, de forma similar a lo que ocurría en el tramo anterior entre Júpiter y Saturno, la distancia se incrementa aún más entre Saturno y Urano. Esto tiene su explicación lógica, aunque para ello deberíamos remontarnos a la época en la que se formó el Sistema Solar.

Lamentablemente, no tenemos tiempo para ello. Continuamos así viajando en nuestra burbuja local de espacio-tiempo, a una velocidad relativa de varias veces la de la luz, para llegar al destino actual.

URANO

Personalmente creo que se trata de uno de los planetas más bonitos del sistema, gracias a ese tono de color tan particular. No obstante, no fue hasta la invención del telescopio cuando pudimos disfrutar de su fría belleza, dado que su distancia media al Sol es de 3.000 millones de Km (unos 20 AU = Astronomical Unit). Lo cual significa que está muy alejado de nuestra estrella.

Afortunadamente en la actualidad (año 3301), podemos aproximarnos cuanto queramos, en un corto espacio de tiempo, para disfrutar de todo su esplendor.

¿Una bola de billar?. No, es Urano.

Urano está clasificado como un “gigante helado”, dado que tiene una composición interna distinta a Júpiter y Saturno. Aunque al igual que éstos, su atmósfera está compuesta principalmente de hidrógeno y helio, en este caso también contiene una elevada proporción de agua, amoníaco y metano en estado sólido (hielo), así como diferentes trazas de hidrocarburos. Su atmósfera es la más fría del sistema (-224ºC), y al igual que el resto de planetas gaseosos, está compuesta de multitud de capas que envuelven un pequeño núcleo interior de hielo y roca. Las capas más altas están compuestas de metano, y las más bajas de agua.

A pesar de esta abundancia de agua, no se han detectado signos de vida, ni siquiera unicelular, en parte debido a que su entorno no reúne las condiciones favorables.

De forma similar a sus compañeros más próximos, Urano también dispone de un sistema de anillos. En realidad, sus anillos fueron los segundos descubiertos en el Sistema Solar, tras los de Saturno, en el siglo XVIII. Están compuestos por partículas oscuras, de poco tamaño (desde varios micrómetros hasta algo menos de un metro), y su grosor es de unos pocos kilómetros.

El sistema de anillos de Urano

Urano fue explorado de cerca por vez primera por la sonda Voyager 2 en el siglo XX. Los análisis y fotografías enviados por esta sonda ofrecieron información invaluable de un planeta, hasta entonces, prácticamente desconocido. Hoy en día, la mayor parte de instalaciones y plataformas que orbitan el planeta son de carácter científico. No existe en la actualidad ninguna estación espacial en las proximidades del planeta o en sus lunas, aunque es posible que esto cambie en el futuro.

Una característica curiosa de Urano es que su eje de rotación está muy inclinado con respecto al plano del Sistema Solar, llegando a ser de unos 98°. Esto produce cambios en las estaciones de un modo completamente diferente al de los demás planetas mayores.

Si nos imaginamos la rotación de otros planetas como si fueran peonzas inclinadas respecto al plano del Sistema, Urano estaría rotando más bien como una pelota rodando sobre el suelo. Cuando se acercan sus solsticios, un polo mira continuamente en dirección al Sol mientras que el otro está en el sentido contrario.

Dejamos este curioso planeta para dirigirnos a nuestra siguiente parada: Neptuno.

NEPTUNO

Se trata de un planeta gaseoso muy similar a Urano, y al mismo tiempo muy diferente a Júpiter y Saturno. Tiene el honor de haber sido el primer planeta descubierto mediante predicciones matemáticas, en lugar de observación directa. En el siglo XIX, los astrónomos observaron perturbaciones aparentemente inexplicables en la órbita de Urano, y por ello dedujeron que debía de existir otro planeta más allá de su órbita, el cual debía de estar induciendo estas perturbaciones.

Finalmente, en el año 1843, Neptuno fué por fin descubierto mediante observación directa a través de telescopio, confirmando así las teorías anteriores que preveían su existencia. En realidad, Galileo lo había observado ya siglos atrás, en 1612, pero lo confundió con una estrella próxima a Júpiter.

El misterioso Neptuno, con su color azul eléctrico

Al igual que Urano, Neptuno tiene en su interior un núcleo rocoso cubierto por una manta helada, envuelto todo ello en capas de gas de enorme grosor. Los dos tercios interiores están formados por roca fundida, agua, amoníaco líquido y metano. El tercio restante está compuesto mayormente por hidrógeno, helio, agua y metano.

El manto líquido que envuelve al núcleo rocoso de Neptuno es en realidad un gigantesco océano de agua y amoníaco. Y como dato de interés para joyeros: a unos 7.000 km de profundidad, el metano se descompone en cristales de diamante que se precipitan en dirección al núcleo del planeta. Lamentablemente, esta ingente cantidad de diamantes está fuera de nuestro alcance, incluso con la tecnología de que disponemos actualmente en el siglo XXXIV.

Como es habitual en este tipo de planetas, Neptuno dispone de un sistema de anillos muy similar al de Júpiter. Estos anillos están formados por partículas de hielo y silicatos, además de compuestos orgánicos, producidos por la radiación de la magnetosfera, por lo que su color es muy oscuro.

Los anillos de Neptuno

Para sorpresa de los científicos del siglo XX, la sonda Voyager 2 reveló una enorme mancha osucra, similar a la Gran Mancha Roja de Júpiter. Se trata de un gigantesco huracán con vientos de dos mil kilómetros por hora, los más violentos en el Sistema Solar.

En la Tierra la energía que produce los vientos es suministrada por el Sol. En el caso de Neptuno, dada su enorme lejanía con respecto al Sol, la temperatura en la parte superior de la capa de nubes es de 210 °C bajo cero, por lo que la energía solar es insuficiente para dar lugar a los vientos observados por el Voyager 2. ¿Cómo se producen entonces esos fortísimos vientos?…

Al final se comprobó que dichos huracanes obtienen su energía del propio proceso de contracción que originalmente formó el planeta a partir de la nube de polvo estelar existente por aquél entonces en el Sistema Solar. Este proceso aún no finalizado en nuestros días.

Actualmente Neptuno no tiene demasiado interés desde el punto de vista comercial (al menos hasta que no se consiga la forma de extraer su diamante interior). Por ello, no dispone de instalaciones o estaciones espaciales, más allá de los pequeños asentamientos orbitales de carácter eminentemente científico.

Me despido de Neptuno mientras programo el siguiente destino en el computador de navegación: Plutón.

PLUTON

Este pequeño planeta, categorizado como “planeta enano” (no es el único en el Sistema Solar), ha sido desde siempre un pequeño misterio para la Ciencia, por dos razones: Por un lado, es un planeta muy pequeño, de tan sólo 2.300 Km de diámetro. Y, por otro lado, es el planeta más alejado del Sol, ya que está situado a una distancia media de unos 6.000 millones de Km. Su órbita es muy excéntrica, tardando unos 248 años en recorrerla.

Todos esos factores contribuyeron a su difícil estudio y observación, al menos hasta principios del siglo XXI, con la llegada de la sonda New Horizons en el año 2015. Rebuscando entre los viejos archivos de la biblioteca de mi tatarabuelo, me encontré con interesante documentación gráfica sobre dicha misión. ¡Un documento de hace más de mil años!

Comparativa de tamaños: La Tierra, la Luna, Plutón y Caronte

Plutón es un planeta rocoso, e incluso cuenta con una tenue atmósfera, compuesta aproximadamente de un 90% de Nitrógeno, y de un 10% de moléculas complejas como el metano. La composición de la atmósfera de plutón es similar a la de la Tierra, la cual contiene un 80% de nitrógeno. Las moléculas complejas provienen de la radiación, que induce un proceso de creación de nuevas moléculas en la superficie del planeta.

El interior de Plutón está formado principalmente de agua helada en diferentes  fases. En este sentido, Plutón es muy similar a las lunas heladas de Júpiter y Saturno. Esa gran cantidad de hielo es lo que le da ese aspecto tan particular, que podemos observar conforme nos aproximamos a él.

Plutón, una pequeña roca en los confines del Sistema Solar

Como podemos apreciar en la foto, Plutón disfruta de la compañía de un satélite relativamente grande para su tamaño. Su nombre es Caronte.

Caronte tiene 1.192 Km de diámetro y orbita a 19.640 kilómetros de Plutón. Desde que se descubrió en 1978 se ha considerado al dúo Pluton – Caronte como un planeta doble: sus masas son similares, quedando el baricentro fuera de Plutón (que es el cuerpo de mayor masa). Esto significa que ambos orbitan en torno a dicho punto. Es como si estuvieran unidos por una cuerda invisible y girasen alrededor de un punto situado en esa cuerda. Ese punto está más cercano a Plutón, puesto que tiene 7 veces más masa que Caronte.

En el pasado, Plutón también fue protagonista de numerosas novelas de ciencia-ficción. Dado el halo de misterio que le envolvió hasta el siglo XXI, fue candidato ideal para imaginar restos de civilizaciones o artefactos alienígenas en su proximidad o instalados en su superficie, desde donde “espiaban” a la raza humana, anclada por aquél entonces en el tercer planeta del Sistema.

Tras el descubrimiento del Warp Drive, y nuestras primeras visitas al planeta, descubrimos que, en realidad, es una roca helada más, sin ningún rastro ni objeto misterioso ni interesante. Y, a pesar de la abundancia de agua en forma de hielo, no existe ningún tipo de vida, debido sobre todo a sus bajas temperaturas: mínimas de -240ºC, temperaturas medias de -229ºC, y máximas de -218ºC. Mal destino vacacional, que ni siquiera sirve para esquiar debido a su monótona orografía.

Con el tiempo, se han llegado a descubrir hasta 5 lunas en Plutón. Estudiando sus órbitas, los científicos han llegado a la conclusión de que todas estas lunas son reliquias de una colisión entre Plutón y un gran objeto del Cinturón de Kuiper hace varios miles de millones de años.

Aquí podemos apreciar la distancia real entre Plutón y Caronte

Dada su superficie de carácter rocoso, actualmente existen dos instalaciones científicas, un sistema de observación astronómica de largo alcance y algunas minas de extracción en diferentes zonas del planeta (hoy abandonadas). En Caronte, se estableció hace algún tiempo un centro religioso heredero de una mezcla de la antigua cultura Zen, Budista e Hindú, quizás atraídos por la soledad y tranquilidad del entorno. No obstante, parece que se abandonó definitivamente hace unos 40 o 50 años.

DESPEDIDA

Mi visita al Sistema Solar ha sido una de las mejores experiencias que he vivido como piloto espacial. No por la espectacularidad del entorno (hay sistemas y zonas de la galaxia muchísimo más interesantes en este aspecto), sino por tratarse de una visita de carácter sentimental. Este fue el Sistema donde nació la especie Humana, y donde estuvo confinada irremediablemente a lo largo de los siglos, hasta el descubrimiento de la tecnología que ha hecho factible el viaje interestelar.

Me invade una extraña sensación cuando pienso en mis ancestros, anclados en ese pequeño planeta azul, admirando las estrellas en el cielo nocturno, y probablemente preguntándose si algún día alguien podría viajar a alguna de ellas. Seguramente muchos habrían sacudido la cabeza con resignación, pensando que dichos viajes estarían para siempre fuera del alcance del ser humano, con su limitada tecnología. La Humanidad estaría condenada a no salir nunca de los confines del Sistema Solar.

Lo cual me hace esbozar una sutil sonrisa, mientras activo el FSD para iniciar el salto hacia Alfa-Centauri.

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