Viaje al Sistema Solar – II

Continúo con mi viaje por el Sistema Solar, alejándome del planeta Tierra en busca de otro de los planetas más interesantes de este sistema desde los albores de la Humanidad, y que ha servido de inspiración en multitud de películas y novelas de ciencia-ficción.

MARTE

En el siglo XXI, en los inicios de la exploración espacial, el trayecto que estoy a punto realizar duraría varios meses, con todos los problemas de logística que ello conlleva. Afortunadamente, en los tiempos actuales disponemos de la tecnología Warp Drive, gracias a la cual el viaje nos llevará menos de un minuto.

La tecnología Warp modifica el espacio-tiempo, comprimiéndolo de tal forma que consigue aproximar dos puntos lejanos en el espacio de forma similar a cuando doblamos una hoja de papel por sus extremos. Con ello, podría parecer que estamos viajando a velocidad superlumínica, cuando en realidad no es así. Simplemente, estamos usando un “truco” que las leyes físicas ponen a nuestra disposición para sortear la barrera infranqueable que es la velocidad de la luz en el vacío.

El aspecto del antiguo “planeta rojo” probablemente sorprendería al lector del siglo XXI, por una sencilla razón: Marte ya no es “rojo”. (Consideraciones políticas a parte).

Marte ya no es rojo en el año 3300

Marte ha sufrido varios procesos de terraformación. El primero se inició en 2170, un siglo después de la primera visita humana al planeta. Este primer intento no dio los resultados esperados, y fue abandonado en 2200. Por aquella época, el aspecto que ofrecía dicho planeta no era en absoluto el de un vergel de vida, sino todo lo contrario: desiertos áridos, interminables, repletos de rocas. Todo ello envuelto en una atmósfera polvorienta, irrespirable para el ser humano.

Imagen real de la superficie de Marte en el siglo XXI

Aproximadamente cien años mas tarde, en 2270, comenzó el segundo intento de terraformación, ahora con nuevas tecnologías descubiertas en el campo de la ingeniería medioambiental. Este nuevo intento dio sus frutos: en el increíble margen de 20 años, el planeta contó con atmósfera respirable similar a la de la Tierra, vegetación y hábitat adecuado para la proliferación de la vida. Marte dejó de ser un yermo desértico y polvoriento para convertirse en la “nueva Tierra”.

Marte es un planeta rocoso, algo más pequeño que la Tierra, con menor masa que ésta y por tanto menos gravedad, lo cual, lejos de ser una ventaja para el Hombre, complicó su adaptación al medio en estancias de larga duración. El día en Marte dura aproximadamente 24 horas, igual que el de nuestro planeta natal. Por ésta, y otras razones, fue desde el principio un candidato ideal para ser la “segunda casa” de la especie humana.

Marte, tras su proceso de terraformación

Marte es actualmente el centro administrativo de la mayor parte de mega-corporaciones, ya que tras la Tercera Guerra Mundial, la Tierra quedó devastada en gran parte de su superficie, obligando a la mayor parte de corporaciones a “emigrar” en busca de nuevos mundos donde establecerse. Marte era el más cercano. Hoy en día, la Tierra ya está recuperada de nuevo, y vuelve a ofrecer esa imagen idílica de planeta azul de la que siempre disfrutó.

Nos alejamos ahora de los planetas interiores, en busca del gigante del Sistema Solar: Júpiter.

JUPITER

Se trata del planeta más grande de Sol System, y así todo completa su rotación en menos de 10 horas. Júpiter es un “gigante gaseoso”, ya que a diferencia de los planetas rocosos interiores, este enorme gigante está formado por enormes capas de hidrógeno y helio que envuelven un pequeño núcleo interno en estado sólido. Por esta razón, Júpiter no tiene una superficie “dura” ni definida como los cuatro planetas anteriores, y por lo tanto no es posible establecer instalaciones sobre ella. La mayor parte de complejos mineros y de investigación están situados en órbita, o en alguna de sus lunas rocosas.

Aunque siempre ha sido famoso Saturno por su sistema de anillos, Júpiter también tiene uno, menos denso y no tan visible desde los telescopios terrestres. A lo largo de los siglos, este sistema se ha ido consolidando, hasta ofrecer la imagen que nos encontramos en la actualidad.

El gigante del Sistema Solar

El viaje a Júpiter lleva algo más de tiempo, ya que conforme nos aproximamos a los planetas exteriores, sus órbitas están progresivamente más alejadas del Sol. En mi viaje me encontré además con que las posiciones de Marte y Júpiter estaban en los extremos opuestos de sus órbitas alrededor del Sol, con lo que la distancia a recorrer se incrementó aún mucho más.

Antiguamente, los ingenieros realizaban complejos cálculos para tratar de minimizar este problema, realizando siempre los lanzamientos de sondas y naves cuando la posición de los planetas era la óptima (mínima distancia a recorrer), o para efectuar el antiguamente famoso “juego de billar”, lo cual consistía en hacer que la sonda rebotase en varios cuerpos celestes -de forma similar a una bola de billar- jugando con la gravedad de dichos cuerpos para ganar velocidad en su viaje. Esto era necesario, ya que los sistemas de propulsión de antaño eran obviamente muy básicos, requerían cantidades ingentes de combustible, y aún no se había descubierto la tecnología Warp Drive.

Iniciando la aproximación a Júpiter

Conforme nos aproximamos al planeta, podemos apreciar claramente su turbulenta atmósfera, con gigantescas corrientes, huracanes y súper-tormentas, las cuales dibujan esas espectaculares y curiosas formas que tanto asombraron a los pioneros de la Astronomía. Para que os hagáis una idea, gran parte de esas tormentas tienen un tamaño superior al del propio planeta Tierra, siendo la Gran Mancha Roja uno de sus fenómenos meteorológicos más conocidos. No parece un lugar muy acogedor, ciertamente.

En la actualidad, Júpiter es un destino turístico muy solicitado por ciudadanos y residentes del Sistema Solar con muy alto poder adquisitivo. Una luna de miel en las estaciones espaciales Columbus y Titan City, con vistas a este espectacular planeta tiene que ser, sin duda, toda una experiencia.

Titán, una de las lunas de Júpiter, y su estación Titan City

Tras efectuar un repostaje en la estación espacial que orbita la luna Titán, aprovecho para comprar provisiones y algún que otro souvenir, y me dirijo a mi nave para planificar el siguiente tramo hacia el segundo gigante del sistema: Saturno.

SATURNO

Conocido desde la invención del telescopio por su espectacular sistema de anillos, los cuales fueron siempre un misterio hasta la llegada de la Era Espacial en el siglo XX. La Pioneer fué la primera sonda espacial que visitó Saturno, seguida poco después por las famosas Voyager 1 y 2. Gracias a estas sondas, se descubrió la verdadera naturaleza de esos misteriosos anillos.

Saturno, uno de los planetas más bonitos del sistema

Gracias a estas sondas se descubrió que los anillos están formados principalmente por partículas de agua y hielo, con tamaños variables entre pocos centímetros y varios metros. También están formados por otros elementos, aunque en menor medida. Se trata de un sistema muy complejo, con diferentes velocidades de rotación y extremadamente delgados: su grosor aproximado es de tan sólo 1 Km.

Saturno, al igual que Júpiter, es un gigante gaseoso: en su interior existe un pequeño núcleo rocoso, envuelto en capas de hidrógeno metálico y helio, todo ello envuelto en enormes capas exteriores eminentemente gaseosas, integradas en su mayor parte por hidrógeno y helio. Dadas las condiciones de presión internas, el núcleo del planeta está aproximadamente al doble de temperatura que la superficie externa del Sol.

Al aproximarnos a Saturno, observamos un aspecto muy similar al de Júpiter

Continuando nuestra aproximación al planeta, vemos que su aspecto es parecido a Júpiter. Esto es debido a fenómenos meteorológicos similares a los que se dan en su hermano mayor: tormentas, huracanes y grandes corrientes. Aunque en este caso, mucho menos definidas. La atmósfera está formada en gran parte por nubes de cristales de amoníaco, existiendo numerosas capas de diferente densidad conforme nos aproximamos más hacia el interior del planeta.

Debido a este carácter gaseoso y a las terribles tormentas y corrientes que tienen lugar en su atmósfera, es impracticable establecer cualquier tipo de instalación o complejo sobre el planeta, a excepción de sondas y naves científicas o de prospección especialmente diseñadas para sobrevivir en este violento entorno. Al igual que en el caso de Júpiter, la mayoría de instalaciones humanas se sitúan en los satélites rocosos del planeta.

Una instantánea de Saturno desde la lejanía

Saturno tiene asimismo todo un sistema local de lunas orbitando a su alrededor, algunas de ellas con presencia humana en diferentes puestos científicos y de explotación de recursos. No obstante, no tenemos tiempo de visitarlas, así que abandonamos la zona para poner rumbo hacia el siguiente planeta exterior, no sin antes realizar una pequeña parada a varios segundos-luz de distancia para deleitarnos con la belleza de este espectacular planeta desde la lejanía.

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