Betelgeuse, el coloso

El Universo está repleto de estrellas de todos los tipos y tamaños: enanas blancas, amarillas, gigantes rojas, súper-gigantes, estrellas medianas y todo un sinfín de combinaciones.

Nuestra estrella local, el Sol, es de tamaño medio “tirando a pequeño”, ya que suele estar categorizada como una enana amarilla. De todos es conocido que, al final de sus días, se convertirá en una gigante roja cuando consuma todo su hidrógeno. Durante esa transformación, engullirá todos los planetas interiores, incluyendo la Tierra.

Existen, no obstante, estrellas muchísimo más grandes, y no necesitamos irnos demasiado lejos para encontrarlas. Aquí mismo, en nuestra galaxia, podemos ver varios ejemplos. Uno de los más conocidos es la gigantesca Betelgeuse: la segunda estrella más brillante en la constelación de Orión, situada a una distancia aproximada de 600 años luz de la Tierra.

Betelgeuse
Betelgeuse y la capa de gas que la rodea

Se estima que Betelgeuse es unas 550 veces más grande que el Sol, con un radio estimado de más de 900 millones de kilómetros, y emite un brillo unas 100.000 veces más intenso.

Esta estrella es tan gigantesca que si la situamos en el centro del Sistema Solar, en el lugar que ocupa nuestro “pequeño” Sol, veríamos una enorme esfera incandescente cuya superficie alcanzaría probablemente la órbita de Júpiter. Parémonos a pensarlo durante un momento… ¡la órbita de Júpiter! Eso está muy, muy lejos… Así que podemos hacernos una idea de las colosales proporciones de esta estrella.

Es por ello que Betelgeuse está categorizada como una supergigante roja. Su color se debe a que ha agotado casi todo el combustible de su núcleo, encontrándose en las últimas fases de su vida, y su temperatura es por tanto algo más fría que la de nuestro Sol. De hecho se espera que, siguiendo el ciclo habitual en este tipo de estrellas, Betelgeuse pase a la fase de supernova en cualquier momento. Aunque ya sabemos que en Astronomía, “cualquier momento” puede significar tanto “en los próximos años” como “en los próximos milenios”.

Comparativa de tamaños. Nuestro Sol es el puntito en la esquina inferior izquierda, señalado por una flecha

Eso sí, los humanos que tengan la suerte de ser testigos de su paso a supernova, verán que Betelgeuse se convertirá durante algún tiempo en la estrella más brillante del firmamento, visible incluso a plena luz del día. Un fenómeno similar al que ocurrió con la supernova que explotó hace miles de años, dejando como rastro la Nebulosa del Cangrejo, y que fue observada por astrónomos árabes y chinos en la antigüedad (y probablemente también por mayas e incas, mucho tiempo atrás).

Betelgeuse en Elite

Aprovechando mi reciente visita al Sistema Solar, y dado que Betelgeuse está a unos 600 años-luz de distancia solamente, lo que se traduce en unos 19 saltos hiperespaciales con mi ASP, decidí ir a echarle una ojeada y sacar algunas fotos para el álbum.

Abandonando la estación espacial, rumbo a Orión

El viaje hasta Orión transcurrió sin contratiempos, aunque a falta de tres o cuatro saltos, y con las reservas de combustible algo bajas, me encontré con un pequeño problema: casi todas las estrellas en esa ruta no permiten la extracción de combustible mediante el sistema Fuel Scoop de la nave, ya que casi todas ellas son enanas rojas, restos de supernovas o estrellas que ya han consumido todo su hidrógeno. Con lo cual, he tenido que programar un salto extra a una enana amarilla próxima, para poder repostar sin problemas.

Tras el repostaje, y con los depósitos llenos, realizo el salto final al sistema Betelgeuse. Lo cierto es que estoy algo nervioso, ya que no sé lo que me espera al otro lado. ¿Apareceré demasiado próximo a la estrella, con el peligro de desintegrarme instantáneamente? ¿Será simplemente una estrella algo más grande, pero sin nada especial?. Estos y otros pensamientos acuden a mi mente mientras oigo el familiar zumbido del sistema de salto preparándose para hiperespacio.

Frente al coloso

Lo que me encuentro tras el salto casi me corta la respiración: una gigantesca bola de fuego que supera todo lo que me había imaginado. Si bien es cierto que en el espacio es difícil apreciar tamaños y distancias, debido a la falta de referencias visuales conocidas, si nos fijamos en que la imagen está tomada a una distancia de Betelgeuse de 2.700 LS (819 millones de Km), podemos darnos cuenta de su enormidad.

LS es una unidad de distancia. Son las siglas de Light-Second (segundo-luz): la distancia que recorre la luz en el vacío en 1 segundo, lo cual equivale aproximadamente a 300.000 Km. Como dato de referencia, la distancia entre la Tierra y la Luna es de 1.28 LS

Como referencia, la órbita de Júpiter está aproximadamente a unos 750 millones de Km del Sol, o sea que la posición en la que está mi nave en esa fotografía estaría mucho más allá de la órbita de Júpiter, desde la cual nuestro Sol se ve bastante pequeñito. Como comparación, podéis ver que Betelgeuse, vista desde una distancia similar, ocupa prácticamente todo el encuadre. Sencillamente, se trata de una estrella de un tamaño descomunal.

La estrella es tan gigantesca, y la radiación que emite tan intensa, que enseguida empiezan a saltar las alarmas a bordo de mi nave.

¡Atención, peligro de sobrecalentamiento! ¡Atención, temperatura crítica!

Inmediatamente, pongo rumbo de evasión situando la estrella en mi cola, y me alejo hasta una distancia prudencial, desde donde puedo pensar detenidamente mi siguiente paso.

Será mejor alejarnos de aquí cuanto antes

Ya estacionado a una distancia prudencial, inicio un scan con los sensores astronómicos para detectar todos los planetas presentes en el sistema, y a continuación abro el mapa local. Compruebo que el sistema está formado por cuatro planetas, todos ellos desprovistos de cualquier rastro de vida, obviamente. Es muy probable que, cientos de millones de años atrás, existiesen aún más planetas interiores, los cuales sin ninguna duda han sido engullidos por Betelgeuse durante su ciclo de expansión.

Analizando el mapa del sistema

Llegados a este punto, lo que más me llama la atención es la corta distancia a la que se situa la órbita del primer planeta con respecto a su estrella. Este primer planeta, denominado “Betelgeuse 1”, está tan próximo al coloso que es sorprendente que aún no haya sido volatilizado por ella. Mientras compruebo distancias, me pregunto cómo será la vista desde allí. Su superficie debe de ser un verdadero infierno, pero si fuera posible aterrizar en él para contemplar sobre el horizonte esa descomunal bola de fuego…

Bienvenido al Infierno

Es entonces cuando cometo un error que pudo haberme costado muy caro. Totalmente hipnotizado con la idea de contemplar Betelgeuse desde su primer planeta, pongo rumbo hacia él. Debido al huracán de radiación que existe en la zona, los sensores de la nave tienen problemas para conseguir un bloqueo del planeta, pero al final lo consiguen. Desde mi posición a varios LS de distancia, es prácticamente imposible vislumbrar la pequeña roca que orbita a tan corta distancia de la estrella, camuflada entre torrentes de gas, plasma y erupciones solares tan grandes como la distancia Sol – Tierra.

Conforme me voy acercando, empiezo a apreciar el contorno del planeta, casi un pequeño punto en el frontal de mi cabina. Pero cuando estoy a pocos LS, las alarmas empiezan a saltar de nuevo, y ahora la temperatura está aumentando de forma preocupante, a un ritmo endiablado. Los escudos térmicos ya no aguantan más, y entro en nivel crítico de sobrecalentamiento. La nave comienza a sufrir daños en su estructura. ¡Y ni siquiera he podido acercarme lo suficiente al planeta para tomar una buena fotografía!.

Comprendo que es el momento de abortar la maniobra de aproximación, y largarme de allí a toda pastilla. Afortunadamente, la ASP Explorer es una nave formidable, y aguanta si problemas el castigo. Ya en una zona más segura, los sistemas vuelven a la normalidad conforme la nave se va enfriando. Bien, este intento de visitar el primer planeta ha sido una locura, pero… ¿y si lo intento con el segundo?…

El planeta Betelgeuse 2 está algo más alejado de la estrella, en una zona más segura. Consigo entrar en una órbita media-baja sin mayor problema, y desde allí puedo tomar -por fin- esta espectacular fotografía:

Impresionante vista de Betelgeuse desde su segundo planeta

Incluso a esta distancia, que equivaldría a la órbita de Urano en el Sistema Solar, Betelgeuse se sigue viendo enorme. Mientras la contemplo, me invade una extraña mezcla de sensaciones: admiración, atracción, embelesamiento. ¿Qué narices nos ocurre a los humanos con las estrellas?. Quizás un gen ancestral en nuestro ADN produce algún tipo de señal en nuestro subconsciente, recordándonos lo mucho que dependemos del Sol, ese astro gracias al cual nuestros ancestros pudieron vivir y desarrollarse en la vieja Tierra.

Dejando estas consideraciones pseudo-filosóficas a un lado, observo que a pesar de que los filtros de cabina consiguen atenuar el brillo de la estrella hasta un nivel razonable para el ojo humano, comienzo a notar cierto cansancio. Es hora de dirigirme a una zona más tranquila y alejada del tumulto de radiaciones que emite el gigante, así que pongo inmediatamente rumbo al cuarto planeta del sistema, el más alejado de todos.

Una estampa algo más tranquila desde el cuarto planeta

Estacionado en órbita sobre Betelgeuse 4, el escenario es ya mucho más tranquilo. La estrella sigue siendo descomunal, incluso a esta enorme distancia, pero empiezo a sentir de nuevo esa familiar sensación de tranquilidad y soledad que todos los pilotos experimentamos en nuestros viajes por el espacio.

Aunque no se aprecia en la imagen, Betelgeuse 4 es un planeta con fuerte actividad volcánica. Pero debido al brillo de la estrella, es casi imposible apreciar los ríos de lava en su superficie. Para ello, tenemos que entrar completamente en su zona oscura. Me gustaría sobrevolar su superficie, pero empiezo a notar el agotamiento tras la frenética actividad en las últimas horas, así que decido quedarme en una órbita baja sobre B.4 y descansar un buen rato. Es el momento de echarme una siesta, y dejar que mi ASP se recupere del estrés a la que la he sometido en tan corto espacio de tiempo.

Hora de poner el freno de mano y echarnos una siesta

Visitar Betelgeuse, una de las estrellas más grandes de nuestra Vía Láctea, es algo que todo piloto espacial debería de hacer al menos una vez en su vida. Una experiencia única, que hasta hace muy pocos siglos no era más que un sueño inalcanzable para el Hombre.

Pero recuerda: si vienes a visitar Betelgeuse, trae bebidas fresquitas, ¡y mucho ojo con acercarte demasiado!.

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